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"No suelo hacer estas cosas. Nosotros respetamos mucho al público venezolano Creo que hubo sobreventa y no tiene que ver con nosotros. Me humillo ante ustedes y pido perdón". Así, Juan Luis Guerra, en medio de su accidentado show del sábado en el Poliedro, ofreció disculpas a la gente que, pese a todo, pudo entrar al recinto para verlo. El caos reinó en los alrededores del Poliedro el sábado en la noche, cuando decenas de fans querían asistir al concierto de Juan Luis Guerra. El primer rollo comenzó cuando la empresa Emporio Group no pudo hacer el show en el Estadio Olímpico de la UCV y decidieron mudarlo al Poliedro. Surgieron contratiempos de todo tipo, al parecer, las instalaciones no fueron cedidas con suficiente antelación para el montaje de la tarima y los equipos, debido a que el día anterior el presidente Chávez realizó un evento en el lugar. La tensión se fue incrementando cuando muchos además tenían que hacer su cola para canjear las entradas del Estadio por las del Poliedro, lo cual hacía más lento el ingreso de las personas al recinto de Coche. Adentro la gente impaciente y fue a las 10:30 pm cuando comenzó el show con la aparición en tarima de Juan Luis Guerra y su 4:40.
A la par a las afueras del Poliedro el clima de tensión persistía, un gran número de personas, se calcula que cerca de 3 mil con boleto en mano quedaron fuera de las instalaciones. La protesta no se hizo esperar, forzaron una reja y muchos intentaron ingresar a la fuerza, la policía tuvo que intervenir para dispersar a la gente y evitar el caos, se escucharon tiros de perdigones en el lugar. Un buen grupo logró ingresar. La situación era de esperarse, la capacidad del Poliedro con 12 mil cupos a los sumo, no es la misma que la del Estadio que llega cerca de 20 mil y cuando se realizó el cambio de lugar ya habían vendido entradas a manos llenas. Así que el Poliedro le quedó pequeño a Juan Luis Guerra. Hubo motín en las afueras. A las 8 pm la gente dio un sonoro cacerolazo pidiendo que abrieran las puertas. Minutos después los complacieron, pero la entrada fue muy graneada, porque debían canjear las entradas del estadio por las del coso. Siguió la protesta. Intervino la Policía Metropolitana.
La gente se alebrestó más. Perdigones al aire, bombas lacrimógenas. El cambio de lugar afectó y a Emporio el control se les fue de las manos.
Incluso se habló de un herido grave y un muerto. Pero hasta el final del show nadie lo confirmó.
Efectivos bomberiles consultados por esta periodista aseguraron no saber nada. La gente que se encontraba dentro trató, infructuosamente, de comunicarse con las afueras, porque la telefonía de Movistar colapsó. Hasta las 2 am del domingo, al menos, no hubo servicio.
Con todo este panorama, Guerra llegó en un avión simulado a la tarima. El telón que anunció el Travesía tour cayó y las notas de Nadie como tú sonaron. El frenesí fue tal que cuando el gentío que estaba afuera escuchó el sonido tumbó una puerta del Poliedro y entró a la fuerza. El área VIP se convirtió en zona franca, las autoridades del recinto salvaron su responsabilidad haciendo firmar una carta que los liberó de la misma, por cualquier incidente, a los representantes de Emporio. Entretanto, la gente protestaba en los bares porque no se vendía cerveza...
Mientras, en la tarima Guerra y su gente hacían su show.
"Fraude", "Estafa", se escuchó cada vez que terminaba un tema. El dominicano, ingenuo ante todo, preguntaba: "¿Qué dicen que no los entiendo?". Cuando entendió, inmediatamente sonó la música.
Vale la pena, Ojalá que llue va café (con video en el que aparecieron Paulina, Montaner, Juanes, Ricky y Carlos Vives), Woman del Callao, La lla ve de mi corazón, Farolito, El Niágara en Bicicleta, La bilirrubina, El costo de la vida y Visa para un sueño, entre otras, fueron interpretadas.
La gente premió su show con sonoros aplausos, lo acompañó en los coros y hasta fue generoso con el dúo Calor Urbano que antecedió las palabras de Guerra anotadas al inicio de la nota. Una monumental cola para salir –los carros estacionados llegaban al Club de Suboficialesfue el broche con el que cerró la complicada jornada.
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